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Javier Solana/ Cooperar es ganar
Opinión. Guerra en Iraq. "El mundo está viviendo una crisis muy grave en Iraq que ha causado hondas divisiones en la comunidad de naciones y también en la Unión Europea, y en cuya evolución han faltado, a mi juicio, dos importantes elementos de cohesión internacional: una percepción común de la amenaza, y un consenso sobre la estrategia y los métodos para hacerle frente."
Por JAVIER SOLANA
GRUPO REFORMA

Cuando hace apenas doce años comenzábamos el diálogo político institucionalizado entre Europa y el Grupo de Río, lo hacíamos en un contexto marcado por la esperanza depositada en un Siglo XXI en el que imperaran la paz, la democracia y los derechos humanos, y en el que pudiéramos asistir a un desarrollo económico sostenido en todo el planeta.

Sin embargo, el comienzo del nuevo siglo parece no estar cumpliendo con esas expectativas. La paz y la seguridad se han visto amenazadas por crisis regionales, por un nuevo tipo de terrorismo que supera las barreras imaginadas hasta ahora, así como por la proliferación de armas de destrucción masiva, cuyo peligro se percibe como más real e inminente que en los tiempos del equilibrio bipolar. El crecimiento económico se ha ralentizado, y en algunos casos ha entrado en cifras negativas. La prosperidad de la década anterior tampoco se ha traducido en una reducción general de la pobreza y de las desigualdades.

En estos momentos, el mundo está viviendo una crisis muy grave en Iraq que ha causado hondas divisiones en la comunidad de naciones y también en la Unión Europea, y en cuya evolución han faltado, a mi juicio, dos importantes elementos de cohesión internacional: una percepción común de la amenaza, y un consenso sobre la estrategia y los métodos para hacerle frente.

El 11 de septiembre del 2001 concientizó a los Estados Unidos de las amenazas que les acechaban, por primera vez en su propio territorio, y desde entonces se apresuraron a buscar respuestas. El concepto de "homeland security" y la elaboración de una estrategia de seguridad nacional con fuerte proyección internacional fueron el primer resultado de esta toma de conciencia. No obstante, ha faltado una reflexión conjunta que permitiera llegar a una percepción más compartida de la amenaza y a un mayor consenso sobre la estrategia de seguridad internacional a seguir, y en esta carencia todos debemos admitir una parte de responsabilidad.

Esta crisis no va a traer consigo el fin de Naciones Unidas, ni de la relación transatlántica, ni de la política exterior y de seguridad común de la Unión Europea, pero ha mostrado la necesidad de un debate profundo sobre percepciones, valores, métodos y capacidades. La necesidad, en definitiva, de que la comunidad internacional extraiga conclusiones de esta experiencia que le permitan, de ahora en adelante, trabajar conjuntamente para encontrar soluciones efectivas a problemas globales.



Seguridad multidimensional

El proceso de globalización ha dado lugar a un concepto de seguridad multidimensional. Si durante la guerra fría predominaron las concepciones militares de la seguridad, las nuevas amenazas -incluido el terrorismo- exigen respuestas que no puede ser exclusivamente militares, sino que nos obligan a trabajar sobre una agenda amplia de seguridad. La lucha contra estos desafíos tiene que estar basada en el intercambio de información, en la mejora de las capacidades de inteligencia, en la cooperación contra el blanqueo de dinero, las actividades económicas ilícitas que financian los conflictos, y el tráfico y proliferación de armamentos. Para ello es necesario definir adecuadamente las misiones de los Ejércitos, la Policía y los servicios de inteligencia civil, distribuir los recursos adecuadamente, y que las autoridades civiles aseguren la coordinación y dirección estratégica de los sectores de seguridad. En los últimos años, los países de América Latina han realizado importantes esfuerzos por reformar, profesionalizar y adaptar sus Fuerzas Armadas, sus fuerzas policiales y sus servicios de inteligencia a los sistemas políticos democráticos. Esfuerzos que, sin duda, mejoran la eficacia en la lucha contra el terrorismo y las actividades ilícitas relacionadas con él.

Pero no basta con combatir los síntomas, sino que hay que atacar las raíces de la violencia y la inseguridad. En este sentido, la defensa de los valores democráticos, así como la reducción de la pobreza y las desigualdades y el fomento de la cohesión social son elementos esenciales para prevenir los conflictos y reforzar la seguridad. Elementos cuyo desarrollo requiere esfuerzos tanto desde el exterior como en el interior. Los países desarrollados han de contribuir más decididamente a la solución de los problemas financieros que sufren los países en desarrollo y abrir los mercados a sus productos. El compromiso de la Unión Europea con el crecimiento económico de América Latina es firme, como lo demuestran el papel central que estamos desempeñando en las negociaciones multilaterales de la OMC, o el proceso de asociación con los países y regiones de América Latina, que iniciamos con México y con Chile, proseguimos con Mercosur, y esperamos poder culminar con la Comunidad Andina y con América Central. Sin embargo esta contribución ha de complementar las políticas internas de redistribución de la renta destinadas a asegurar la sostenibilidad del desarrollo económico, la estabilidad y la consolidación de los procesos democráticos.



Multilateralismo y cooperación regional

En estos momentos también se hace necesario afianzar la vía multilateral. La unipolaridad no beneficia a nadie, ni siquiera a los Estados Unidos, ni es viable en un mundo en que el poder militar no puede resolver todos los problemas. El desacuerdo que se ha producido recientemente en el Consejo de Seguridad es un hecho que no podemos ignorar, pero que no debe marcar una pauta para el futuro. La propia experiencia de la Unión Europea demuestra que no siempre es fácil cooperar o mantener posiciones comunes y que, en ocasiones, se producen desacuerdos, pero esto es preferible a la ausencia de normas, a la ley del más fuerte. No obstante, los multilateralistas debemos asumir la responsabilidad que supone la aplicación del derecho internacional teniendo presente que el poder sin derecho es inaceptable, pero que el derecho sin poder es ilusorio. Una cuestión clave, y que debemos plantearnos de inmediato en el ámbito multilateral es cómo afrontar el peligro de la proliferación de armamento, especialmente el de destrucción masiva. Cómo adaptar a la nueva realidad unos regímenes internacionales de control de armamento y de no-proliferación desarrollados en tiempos de la bipolaridad, y cómo conseguir unas normativas nacionales e internacionales de control de la exportación de armas y de productos de doble uso más eficientes.

Amenazas como el narcotráfico, el crimen organizado, el terrorismo o el comercio ilegal de armas están demostrando mayor facilidad para regionalizarse y globalizarse que los medios para combatirlas. Libres de las cortapisas políticas y administrativas que dificultan la cooperación entre Estados, las redes criminales y terroristas han adquirido una creciente movilidad geográfica.

Para revertir este proceso resulta fundamental el desarrollo de estrategias de seguridad regionales, en las que se pongan en común capacidades y recursos -también militares, pero no únicamente- y se apliquen medidas diversas de forma coordinada y coherente.

En los últimos años del proceso de construcción europea estamos trabajando para el establecimiento de un espacio europeo de libertad, justicia y seguridad. Asimismo, hemos puesto en marcha políticas de prevención de conflictos y estamos desarrollando capacidades propias de gestión de crisis en el exterior. En América Latina también se están produciendo iniciativas importantes en materia de seguridad regional, como la última Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas en Santiago de Chile, el Compromiso de Lima y la propuesta de crear un área de seguridad andina, y la reunión de Ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa sobre Seguridad Regional, celebrada en Bogotá el 12 de marzo.

La Unión Europea está abierta al intercambio de ideas y experiencias con América Latina en un ámbito que como el de la seguridad, entendida en toda su amplitud actual, ofrece numerosas posibilidades. La reunión en Grecia de la Conferencia ministerial Unión Europea-Grupo de Río supone una ocasión inmejorable para cimentar sólidamente esta relación. El mundo será más estable si logramos juntos, Europa y América Latina, intensificar nuestra cooperación bilateral e interregional, pasos intermedios e insoslayables en el camino hacia la respuesta global a unos problemas cuyas dimensiones y complejidad sin duda la merecen.


*Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común, con motivo de la celebración el próximo día 28, en Grecia, de la XI Conferencia ministerial UE-Grupo de Río
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